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Del Libro don de la Hurdes se llaman Cabrera, de Ramón Carnicer

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Del Libro don de la Hurdes se llaman Cabrera, de Ramón Carnicer

Mensaje por Lorden Alvarez Carlos el Mar Feb 02, 2010 1:42 am

Imágenes de la verdad de aquella Cabrera que era Hurdes
Las fotografías tomadas por Ramón Carnicer en su viaje de 1962 se muestran por primera vez
Una de las fotos inéditas que aparecen en la muestra.
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La exposición que hoy se inaugura en el Museo de La Cabrera en Encinedo (donde permanecerá hasta el 15 de septiembre) es mucho más que una selección de fotografías de gran valor documental. Es, a su vez, la constatación de la altura moral de su autor, el escritor berciano fallecido hace unos meses Ramón Carnicer, autor del libro de viajes ‘Donde las Hurdes se llaman Cabrera’, para que el que hizo las imágenes que se pueden ver en esta muestra (tres de ellas son las que aparecen en estas páginas) y que guardaba celosamente en su casa.
Cuando el libro llegó a las librerías, en 1964, se montó un gran revuelo. Se acusó a Ramón Carnicer de casi todo, se orquestó una campaña increíble desde el obispado de Astorga, el Gobierno Civil y el Diario de León de entonces, muy vinculado también al obispado. Carnicer aguantó el chaparrón porque era un hombre de una integridad incuestionable, él era consciente de que mostrar las fotografías de aquel viaje era suficiente argumento para que el debate no fuera más allá, pero no quiso hacerlo por una razón fundamental, porque las imágenes podrían dar pie a una especie de falta de respeto hacia las gentes que aparecían en ellas. Y, contaba el escritor, “en aquel viaje por La Cabrera Baja, que había hecho en1962, no encontré personas violentas, hostiles ni descorteses, sino todo lo contrario, amables y cercanas, como cuento en el libro pero que soportaban una miseria evidente”. Y, seguía su argumento: “A los que molestó el libro no fue a las gentes de La Cabrera sino a los responsables de la miseria en la que vivía aquella comarca, que veían en el libro una denuncia contra su actuación allí”.
Algo que, por otra parte, era verdad pues a Carnicer sí le movía el ánimo de denuncia junto al literario. “Siempre he batallado por la justicia, por la equidad, por el respeto -ahora tan común- de la ecología. He procurado ser un individuo solidario de todas las calamidades y he procurado hacerlo sin bravatas, sin agravios a nadie, convirtiéndome en un mero y objetivo contemplador de situaciones, algunas lamentables”, explicaba años después.
Por eso jamás sacó las fotografías a la luz ni se le pasó por la cabeza. Capeó él el temporal con los poderosos y siguió acercándose a las gentes de La Cabrera, hasta el punto que llegó a ser nombrado Hijo Adoptivo de la comarca. “Cuando volví después de haber hecho el viaje para el libro lo que pude comprobar fue la desolación del abandono. Odollo, cuando yo fui por primera vez, era pobre pero tenía 400 habitantes, y dentro de la miseria tenían sus fiestas y sus pequeñas alegrías. Me lo encontré con cuatro habitantes. Y otros pueblos, por el estilo. Vi, además, muchos enfermos mentales, y supe que alguno había llegado a suicidarse porque no podía soportar la soledad, la incomunicación. Otra de las cosas que me entristeció de mi regreso a La Cabrera fue comprobar que se había perdido la solidaridad que había en la miseria. Entonces, no había nada pero lo que había se compartía”, reflexionaba después de regresar a recoger el galardón.
¿Qué contaba para molestar tanto a los poderosos? Pues la verdad, como hizo siempre Carnicer. Escribía cosas como “por el exterior de las casas, pobres y ruinosas, se abulta el semicírculo del horno, abierto a la cocina. Los indicios de calles son más claros aquí que en el resto de la Cabrera, y en algún caso resultan verdaderas calles, pero nada da la impresión de bienestar. Ni tampoco la gente, menguada y desnutrida”, ni más ni menos que lo que había visto, lo que se puede ver en las fotografías que había tomado y que no quiso sacar entonces, por respeto a quienes, como él siempre decía, “habían sido amables y cercanas, capaces de compartir lo poco que tenían”.
Ha pasado el tiempo. Ya es tiempo de ver las fotografías y de reivindicar la altura moral de quien las realizó, que ya se sabía.
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